Poesía, poetas y poéticas

Porque la poesía, como la Diosa, desde el misterio adviene y al misterio va...








miércoles, 15 de julio de 2009

María Auxiliadora Alvarez en Poéticas Generadoras III


La rosa de la descomposición
(Fragmento)

"Un continente de poetas", lectura en la que participaron Rodolfo Hinostroza (por Perú, y quien se encuentra al lado de la autora), Claude Beausoleil (por Quebec) y Jorge Fernández Granados (por México), se llevó a cabo durante el Festival de la Ciudad de Puebla en 2007.


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viernes, 5 de junio de 2009

José Emilio Pacheco, Premio Iberoamericano de poesía Reina Sofía 2008, convocado en Poéticas Generadoras


En las actividades de inicio del homenaje nacional a José Emilio Pacheco con motivo de su obra y del cumplimiento de sus 70 años, el autor lee uno de sus poemas en prosa, texto que, en este género, conformará un libro mayor de próxima publicación.

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La lectura uvo lugar en el marco de la Cátedra Alfonso Reyes del Tecnológico de Monterrey, el 15 de abril de 2009.

José Emilio Pacheco, Premio Iberoamericano Reina Sofía 2008, autor convocado en Poéricas Genradoras, lee "Alta Traición"



En el contexto de la cátedra Alfonso Reyes, José Emilio lee "Altra traición", uno de sus poemas mayormente celebrados, citados y conocidos por sus lectores.


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José Emilio Pacheco, Premio Iberoamericano de Poesía Reina Sofía, autor convocado en Poéticas Genradoras. Videos recientes


Lectura de poesía de José Emilio Pacheco durante el inicio de sus homenajes con motivo de sus 70 años, en el contexto de la Catedra alfonso Reyes organizada por el Tecnológico de Monterrey de Puebla, 15 de abril de 2009.

En este video el maestro lee uno de los poemas más queridos por sus lectores, Pompeya, después de varios intentos de lelerlo completo, sin sus acotaciones y correcciones en vivo. A su lado, Eduardo Langagne y Emmanuel Carballo, comparten la lectura y las irrupciones del propio Pacheco

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Jose Emilio Pacheco, Premio Iberoamericano de Reina Sofía, autor invitado en Poéticas Generadoras. Refelxión sobre su obra



José Emilio Pacheco: la fábula del tiempo *
Jorge Fernández Granados






Ya desde mediados del siglo XX José Emilio Pacheco era considerado en su país una figura central de su generación. Su vasta obra, que abarca casi todos los géneros literarios, ha visto crecer en torno suyo un cuerpo crítico y de traducciones, pero sobre todo un público lector como pocas veces sucede en un autor vivo. No han faltado, tal vez precisamente por ello, severas observaciones también y juicios muy polarizados respecto a algunas de sus obras. Es en la poesía donde esta obra ha encontrado probablemente sus mayores alcances y suma en la actualidad una docena de libros.
Los dos primeros títulos que abrieron dicha obra poética, Los elementos de la noche (1963) y El reposo del fuego (1966) son impecables y finos ejercicios de un virtuoso. Poemas tempranamente maduros, dispuestos en series o meditaciones. Se podría decir que son elegías de un lúcido pesimismo. Su elegante labrado formal es paralelo a su temple clásico. En ellos la naturaleza y el tiempo vencen una y otra vez al apurado corazón y sus trabajos. Flota ahí una atmósfera crepuscular y una intemporal sabiduría. Ya desde estos libros aparecían ciertas constantes que serán reconocibles a lo largo de toda su obra: los ejemplos de la naturaleza (plantas y animales) como fuente de alegorías y lecciones, el tiempo y la destrucción, el drama testimonial de la conciencia. Asuntos centrales de una temática cuya universalidad y pulcritud la situaron inmediatamente en muy alta estima.
No me preguntes cómo pasa el tiempo (1969) fue un autoexamen, giro de 180 grados que declaró al poeta y a su obra como subproductos de una fuerza mayor: la historia. Responder a la pregunta: ¿cuál es hoy el verdadero lugar de la poesía? con la franqueza necesaria y, al mismo tiempo, renovarla en ese replanteamiento, parece el derrotero que toma su obra poética a partir de entonces. Libro que parece formado de retazos y aforismos, de apuntes e instantáneas, No me preguntes cómo pasa el tiempo inaugura también un amplio ciclo, decisivo, que se prolongará en Irás y no volverás (1973), Islas a la deriva (1976), Desde entonces (1980) y Los trabajos del mar (1983).
El título de Irás y no volverás alude al lugar o país de los cuentos infantiles a donde se iba y de donde no se regresaba nunca. Ese lugar podría ser también esta segunda época de la poesía de Pacheco; la cual parece haber quemado las naves con su paraíso de pureza. Poner en evidencia el reverso, la imperfección, lo caducible del ejercicio poético no es aquí un mero desplante. Con la brevedad del apunte y la austeridad del testimonio, los poemas de este ciclo asumen una desnudez que, paradójicamente, los fortalece. Se trata de todo un examen ético del lenguaje literario. La declaración de principios está anunciada en un poema escrito hacia 1970 (“A quien pueda interesar”):

Otros hagan aún el gran poema,
los libros unitarios, las rotundas
obras que sean espejo de armonía.
A mí sólo me importa el testimonio
del momento inasible, las palabras
que dicta en su fluir el tiempo en vuelo.
La poesía anhelada es como un diario
en donde no hay proyecto ni medida

El tono conversacional de algunos poetas norteamericanos, la antipoesía de Nicanor Parra, el coloquialismo de Jaime Sabines y la crónica colectiva de Ernesto Cardenal o Enrique Lihn están más cerca de esta nueva voz de Pacheco, entre cuyos indudables méritos se cuentan la transparencia comunicativa, la exactitud, la ironía y la erudición revertida a la cotidianidad que hace de todas las venas literarias que lo alimentan una sola voz con capacidad a veces narrativa, a veces alegórica, a veces aforística; lenguaje extremamente cultivado que, sin embargo, produce la impresión de un habla llana.
Jardín de niños y Prosa de la calavera son, desde mi punto de vista, dos momentos culminantes de este ciclo; piezas que sintetizan con gran fuerza su perspectiva acerca de la condición humana y el irreversible paso del tiempo. A semejanza de aquellos montajes fílmicos que transitan en unos cuantos segundos por años enteros, Jardín de niños presenta una dramatización episódica en torno al nacimiento, la infancia y la progresiva pérdida de la inocencia. Prosa de la calavera, por su parte, es el estremecedor monólogo que susurra un cráneo, una danza macabra de la conciencia que atestigua desde la muerte la devastación del tiempo.
Un tercer ciclo se abre con Miro la tierra (1986). Este ciclo, que se prolonga hasta el presente, incluye los libros Ciudad de la memoria (1989), El silencio de la luna (1996), La arena errante (1999) y Siglo pasado (desenlace) (2000). En él la tematización sobre el mal de la historia, el recurrente drama humano y la nostalgia de lo perdido ocupan el centro de su atención. La crónica se funde con la poesía y la poesía se sincroniza con la historia. La idea del devenir como desintegración cede su sitio a la del devenir como gran teatro de alegorías que se reiteran o se multiplican de manera a veces grotesca. La historia, esa otra manera de llamar al tiempo, desfila envuelta con adjetivos de condena y horror en un tono a veces francamente apocalíptico. Pero no es un cambio cualitativo sino sólo cuantitativo de sus rasgos anteriores. Lo que se presentaba como un melancólico atisbo es ahora una fehaciente pesadilla; pues finalmente el mal de la historia no es otra cosa que el mal del tiempo.
Tanto en esta etapa como en la anterior el autor acude no pocas veces a un catálogo de asuntos y personajes —de pretextos podría decirse— en los que el género de la fábula se actualiza bajo un nuevo muestrario. Tal vez José Emilio Pacheco en esencia es un gran fabulista. En su poesía los objetos, las personas, las plantas y sobre todo los animales operan con frecuencia como ejemplos de reflexión ante la cual habrá una conclusión de conducta o moraleja. Así, asuntos del entorno doméstico o de la historia lejana son pie de una meditación moral. La utilización de máscaras o personajes que toman la palabra para emitir un juicio que remite a la sociedad humana en su conjunto es un recurso empleado por él en varias ocasiones y particularmente en los poemas de la serie Circo de noche. En estos poemas logra, con un duro humor negro que algo recuerda a las “Pinturas Negras” de Francisco de Goya o los dibujos de José Guadalupe Posada, una extrema parodia de la sociedad humana. El espejo de la historia nos devuelve una fábula negra.


2

El ajuste, pertinente y riguroso, que José Emilio Pacheco hace de sus poemas escritos desde la juventud es un proceso continuo con el paso de las ediciones. Piezas ya clásicas de la poesía del siglo veinte mexicano se ven sometidas a una revisión que las afina; e incluso, en algunos casos, a una extrema metamorfosis.
Tómese el ejemplo de una parte muy conocida del poema “De algún tiempo a esta parte”, incluido originalmente en el libro Los elementos de la noche. En la primera —o una de las primeras— versiones este poema decía:

III
En el último día del mundo —cuando ya no haya infierno, tiempo ni mañana— dirás su nombre incontaminado de cenizas, de perdones y miedo. Su nombre alto y purísimo, como ese roto instante que la trajo a tu lado.

En la edición de 1980 de Tarde o temprano —es decir en la primera de su obra poética reunida— el párrafo había sido reducido a la mitad y los números romanos cambiaron por arábigos:

3
En el último día del mundo dirás su nombre alto y purísimo como ese instante que la trajo a tu lado.

Ya para la edición de Los elementos de la noche en la editorial ERA, en 1983, el nombre no era “alto y purísimo” sino “simple y perfecto”:

3
En el último día del mundo dirás su nombre, simple y perfecto como ese instante que la trajo a tu lado.

Y en la más reciente versión, el poema se ha convertido en una sencilla sentencia:

3
En el último día del mundo dirás su nombre.

Como es posible observar, este poema más que ser corregido ha sido reescrito. La distancia que separa a la primera versión de la más reciente es casi tanta como la que producirían dos poetas distintos ante un mismo tema. Esta metamorfosis paulatina evidencia un diálogo y hasta una lucha entre el poeta joven y el poeta maduro. Hay dos formulaciones diferentes acerca de lo que resulta eficaz como expresión estética y aun dos concepciones de la poesía. El contraste entre la profusión y la concentración de elementos en las sucesivas versiones de este poema es casi la misma que se observa entre los primeros y los últimos libros de su obra.
En esta continua tarea de relectura y corrección parece haber un requerimiento estético y, más aún, uno de tipo ético. No se clausuran los poemas de José Emilio Pacheco en su primera versión: la fidelidad no es a un original —parece sugerirnos su autor—, sino al deber no culminado de la lectura y la escritura (o de la relectura y la reescritura). Estos poemas no tienen forma definitiva porque son un producto del tiempo y en el tiempo. No se conciben pues como fin sino como proceso permanente. Con esta práctica Pacheco reafirma una convicción que manifestó casi desde los inicios de su carrera literaria: la condición ante todo testimonial de su ejercicio poético y la inexistencia, por lo tanto, de un orden definitivo en él.
Sin embargo, no podemos pasar por alto que el problema de la testimonialidad del poema es relativo en este caso. La poesía mexicana ofrece dos polos a este respecto: José Gorostiza y Jaime Sabines. El primero podría ser el paradigma del poeta riguroso que concibe la obra como forma pura por alcanzar, ausente de un devenir que no sea el del propio proceso de su creación; y el segundo el del poeta testimonial por excelencia, aquel que ve en la escritura sólo un registro del momento presente. Uno corrigió toda la vida un gran poema y el otro nunca hizo una sola corrección de sus poemas publicados. José Emilio Pacheco se hallaría a medio camino de ambos. Trabaja con la convicción de que sus poemas son un simple testimonio del presente pero con el rigor del artista que corrige toda la vida una obra.
En mi opinión, el afinamiento que han experimentado sus libros es benéfico. Aunque para ciertos lectores el hallazgo de alguno de sus versos favoritos en las nuevas versiones sea desconcertante, para quien los lea hoy por primera vez le aguarda el descubrimiento de un poeta más claro, sobrio y certero.
Otro aspecto a resaltar en el conjunto de su obra poética es que propone un ciclo al parecer completo. Para esto hay que tener en cuenta que en este autor los recursos narrativos y periodísticos, lo mismo que el mito, la fábula y la alegoría, son estrategias literarias constantes, aun en su poesía. Sólo que en esta última se encuentran concentrados en células muy finas —por llamarlas así— y entretejidos bajo diversas formas reconocibles de la tradición (sonetos, octavas, haikus, poemas en prosa, etc.). No obstante, es insoslayable el ascendente narrativo de esta obra poética, sobre todo a partir del libro No me preguntes cómo pasa el tiempo.
El conjunto general o gran ciclo poético en doce capítulos que nos ofrece su obra poética hasta la fecha está relacionado con la evolución del concepto mismo de poesía a lo largo de toda una vida. Si Fernando Pessoa definió el sentido de sus heterónimos como un “drama en gente”, podríamos decir que Pacheco nos presenta en la suma de sus libros un “drama en géneros”. De este modo, el relato discute con el ensayo y la crónica se alía con la fábula, y todas hablan y convencen a la poesía. Por consiguiente, lo que discurre a través de estas páginas es también un gran cuestionamiento e indagación sobre el poeta y su oficio en la época contemporánea, así como sobre el pasado y el presente de este género.
Pocas obras presentan tal amplitud, tal variedad de abordajes del ejercicio poético. Desde el clasicismo y el elegante labrado formal de las elegías de Los elementos de la noche y El reposo del fuego hasta el dramatizado dibujo de alegorías de Miro la tierra, Ciudad de la memoria y El silencio de la luna, o el íntimo repaso de La arena errante y Siglo pasado, pasando por el gran momento de examen y reformulación de sus instrumentos poéticos que fue No me preguntes cómo pasa el tiempo y se prolonga en Irás y no volverás, Islas a la deriva, Desde entonces y Los trabajos del mar, este complejo itinerario puede ser recorrido como un drama. Un drama cifrado en el que se debaten lealtades y traiciones, afinidades y distancias, entusiasmos y desengaños, en fin, los distintos momentos de un largo amor. En este caso el largo amor por la poesía. A decir verdad, un amor difícil.
En general, el espectador que observa a través de estas líneas el mundo lee un conjunto de alegorías que ilustran una condición esencial, trágicamente circular, de la condición humana; la cual parece no tener salvación ni superación posible, acaso sólo queda plasmar el testimonio con un contundente trazo que la contenga. Cada poema de Pacheco intenta ese trazo. En él hay una voz puntual y sombría. Unidades de observación que reducen cada vez más sus elementos, las piezas de los últimos libros pueden leerse también como breves anotaciones de una fina mente escrutadora.

¿Qué pensaría de mí si entrara en este momento
y me encontrara en donde estoy, como soy
aquel que fui a los veinte años?

Pregunta en Siglo pasado, el libro que cierra hasta el presente esta obra. Recapitulación y acaso despedida de una de las obras poéticas más altas de la literatura mexicana, estos últimos poemas conmueven por su introspección y la sosegada agudeza de su tono. Piezas breves, aforísticas, que parecen cantos rodados por el tiempo y la conciencia. Aquella voz, que ha recorrido todos los registros y ha entregado realizaciones memorables en cada uno, se ha aquietado como el agua e igual que ella es ya sencillamente clara. La Historia, como una indispensable turbulencia parece dejada si no atrás por lo menos a un lado durante unos instantes para reunir un hilo de cuentas íntimas. Y desde su imbatible pesimismo le dice a esa aparición de veinte años que lo mira desde la puerta:

Fracasé. Fue mi culpa. Lo reconozco.
Pero en manera alguna perdón o indulgencia:
Eso me pasa por intentar lo imposible.

El tiempo, por último, está del lado de un autor como José Emilio Pacheco. En el tiempo —su fiel tema de temas— ha encontrado una y otra vez la fuente y la expresión, ya decantada, de su propia escritura. Las sumas y restas, las cimas y los valles de su oficio entregan un saldo no sólo favorable sino contundente de la hondura de un trabajo realizado a lo largo de casi medio siglo.


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* Prólogo del libro La fábula del tiempo, antología de la obra poética de José Emilio Pacheco, publicada en coedición por Ediciones Era (México), Lom (Chile), Trilce (Uruguay) y Txalaparta (España)

William Ospina, Premio Rómulo Gallegos 2009


Lectura de William Ospina de su poema "Lope de Aguirre", durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2007, que tuvo como país invitado a Colombia.



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LOPE DE AGUIRRE


William Ospina (Padua, Colombia, 1954)

Yo vine a la conquista de la selva, y la selva me ha conquistado.
Aparto con las manos los enormes ramajes,
Miro a solas las encendidas flores con forma de pájaros,
La extrema contorsión de la serpiente herida
Que las nubes parecen reflejar en el cielo.

Nada es piedad aquí, nada es dulzura.
¿Si son crueles los monjes en los penumbrosos claustros de España,
Si son degolladores los reyes y envenenadoras las reinas
En sus artísticos salones llenos de lienzos y de lámparas,
Si son perversos los obispos y lascivos los papas
En la nube de mármol de sus tronos romanos,
Si son despiadados los clérigos, que leyeron a Homero y a Séneca,
Si son salvajes los capitanes que comen la carne cocida,
Salpicada de jerez y de orégano,
Si bajo Europa entera aúllan las mazmorras,
Cómo puedo ser manso en estas tierras,
Ceñido por las selvas impracticables,
Lejos de esos palacios tapizados por la letra y la música?


He decidido ser un tigre.
La selva invade el alma como un vino.
Aquí no hay bien ni mal sino el zarpazo,
La rauda flecha del halcón hacia la comadreja de aguas,
El estupor del conejo salvaje ante el bostezo de la enorme serpiente,
El salto de la hormiga roja escapando un instante de las fauces de la salamandra,
La innumerable y cíclica y recíproca voracidad
De la gran selva de oscuros dioses que se alimenta de sí misma como un dragón de fiebre.

El rey está muy lejos, gobernando sus yermos de Castilla,
Sus puertos que miran al África, sus chambelanes obsequiosos,
Sus espejos prietos de cortesanos, sus olivares retorcidos como doctrinas,
Su orgullo salpicado de galeones, sus panoplias marchitas (en cada daga sangre de un viejo amigo)
Y la tierra gime de leones españoles desde el río Sacramento hasta los arrozales de Manila,
Desde las charcas fétidas del infierno hasta las últimas plumas de los ángeles.
El rey es rey del mundo, pero la selva es mía,
Y ese ojeroso príncipe de piel de cera y manos puntiagudas
No podría avanzar con sus tacones de nácar por estos riscos de tristeza
Donde la carne pierde toda esperanza;
No podría aventar con sus abanicos de pavo real
En los húmedos aires a estos mosquitos rojos que prodigan la fiebre,
No hundiría jamás sus tobillos lechosos
En los pantanos infestados de dientes.

Déjame a mí el palacio de estos atardeceres de tormento que se parecen a mi alma,
Donde bestiales tropas me adoran de miedo,
Donde debo mirarlos como un buitre para que no me maten,
Donde los últimos ángeles de mi infancia se descomponen en las ciénagas tibias,
Donde los hombres solos, desprendidos del barco de los siglos, aprender a ser crueles,
A combatir el cielo a dentelladas, a recelar en el amor la emboscada.

Selva monumental, aire de flechas súbitas,
Humaredas que traen olor de extrañas carnes,
Ancianos indios extasiados de ojos amarillos
Que miran como reyes o santos las vacías regiones del cielo;
Y diente de jaguar para la suerte,
Y montones de rojas semillas maceradas que me harán fértil,
Y los senos oscuros que penden como frutos,
Y la rana que se hunde en su reflejo, y bóvedas de frondas meciéndose en el agua.

Descendemos gritando por los ríos violentos en barcazas pesadas de odio;
Sé que al darles la espalda, estos hombres me miran como perros,
Sé que estoy afilando el cuchillo que pasarán por mi garganta.

Hemos dejado un rastro de cadáveres desde las sierras de Mérida,
Por los llanos resecos, por las enloquecidas serranías,
Un rastro de caseríos en llamas, alaridos de madres ya sin destino,
Rostros atónitos debajo del agua que un remo empuja hacia el fondo,
Pero qué puedo hacer si la selva me ha trastornado,
Me reveló las bestias que habitaban mi carne,
Si sólo sé mandar y codiciar todo lo que pueda ser mío
Y aquí cada ramaje se opone a mis designios;
Qué puedo hacer sino amasar el oro de estos pueblos brutales,
Y ser el rey de sangre de estas tardes de lástima,
Y poner al tucán de pico extravagante sobre mi hombro,
Y coronar de flores como incendios mi cabeza aturdida,
Y declarar la guerra a las escuadras imperiales que cubren los océanos,
Con esta voz que grita en la selva y que jamás los alcanza,
Y ser el rey de ultrajes

viernes, 8 de mayo de 2009

Invitación a Taller de Poéticas Generadoras 2.2 (Segundo Trimestre, Segunda Generación). Información General

La Universidad del Claustro de Sor Juana a través de su Vicerrectoría invita a los poetas y al público en general interesado, a inscribirse al Taller Poéticas Generadoras 2.2., inserto dentro de su Programa de Escritura Creativa, PEC, el cual es coordinado por la escritora y crítica literaria Sandra Lorenzano.
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Conoce el programa y detalles del curso, así como una muestra del trabajo de los asistentes del primer semestre en las siguientes entradas.
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Recuerda que no es requisito haber cursado con anterioridad el Taller para asistir y profundizar en tu propio ejercicio creativo.
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A continuación un collage visual de los poetas que han participado en el Taller:

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Información general:

Inicio: 12 de mayo de 2009
Horario: Martes. 16:00 a 18:00 Hrs.
Duración: 12 sesiones (tres meses)
Costo: 3 pagos mensuales de $800.00

Informes e inscripciones:
Universidad del Claustro de Sor Juana
Izazaga 92, Centro Histórico, 06080, México, D.F.
Teléfonos: 5130 3300 ext. 3461/
5130 3310 / 3311 /o al 5130 3330 al 32.
escrituraclaustro@gmail.com

Presentación del Taller Poéticas Generadoras 2.2 (Segundo Semestre, Segunda Generación)

En su segundo semestre (mayo-agosto de 2009), el taller de “Poéticas Generadoras” continuará con el estudio de las poéticas de diversos autores quienes, con su proceso de vida y reflexión en torno a la escritura desde su experiencia como creadores y como críticos, sean fundamentales para enriquecer la escritura y la capacidad de análisis de los participantes del taller.

De este modo, el poeta que asista por primera vez Taller, tendrá la oportunidad de sensibilizar en la importancia de una poética y una vitalidad como sustrato de una obra y una voz ya forjada.

Para quienes cursen por segunda ocasión el Taller, se trabajará en dos vertientes: a) reforzar su aptitud crítica y de análisis no sólo para que puedan abordar los diversos textos, sino para forjar una escritura crítica, es decir, consciente de su proyecto estético, sin que esto implique coartar el misterio e imaginación que conlleva el acto creativo. b) pero principalmente, se privilegiará el trabajo de taller, de tal suerte que, quienes estén preparando sus libros y propuestas, adelanten y afinen su escritura, y quienes inicien la creación de su primer libro o de su primer proyecto unitario, entren de lleno en esta labor.

Todo esto, evidentemente, sin dejar de lado unode los centros neurálgicos del Taller de Poéticas Generadoras: la búsqueda, la exploración, el posible encuentro, de la propia voz e identidad poética.

Si bien los asistentes que ya tomaron el primer semestre son capaces de reconocer las diversas apuestas temáticas y formales en la poesía hispanoamericana, es decir, sus recursos, derroteros, etcétera, es cierto que hay que ampliar su marco de referencias. Para ello se estudiarán tres textos de poética pura que son ya una referencia en este tipo de asuntos, y que no dejan de tener actualidad: El abc de la lectura, de Ezra Pound, El arco y la lira, de Octavio Paz, y Función de la poesía y función de la crítica, de T. S. Elliot. Se identificará los problemas que plantean, las premisas y sus implicaciones, y se tratará de aplicar algunos de estos supuestos en los textos que se analicen dentro de Taller.

Para quienes asistan por primera vez, estos textos serán una referencia útil e iniciática en su ámbito de escritura.

También, para darle continuidad a los relatos de vida y obra, y para continuar ampliando el espectro de autores hispanoamericanos, se estudiará la obra y la propuesta de tres poetas de este contexto imprescindibles: José Emilio Pacheco (México), María Auxiliadora Álvarez (Venezuela) y José Ángel Valente (España).

Asimismo se continuará con la serie de ejercicios dirigidos, proyectados en torno a los problemas creacionales-estéticos que surjan dentro de los trabajos del Taller.

Pero fundamentalmente, como se dijo, se ampliarán las sesiones de trabajo de taller para avanzar en la obra de cada uno de los asistentes al curso.

jueves, 7 de mayo de 2009

Programa del Taller de Poéticas Generadoras 2.2 (Segundo semestre, Segunda Generación)


Sesión I
Generando Poesía (Taller). Exposición del programa y de los proyectos poéticos de los participantes. Lectura de textos de los asistentes. Ejercicio Creativo.

Sesión II
Poéticas y reflexión.
Desastre y crítica condición humana en la poesía de José Emilio Pacheco. Planteamiento de ejercicio creativo.

Sesión III
Generando Poesía (Taller).
Exposición de ejercicios dirigidos. Trabajo de taller de los textos de los participantes.

Sesión IV
Poéticas y reflexión. Conocimiento, salvación, poder y abandono: El arco y la lira, de Octavio Paz. Planteamiento de ejercicio creativo.

Sesión V
Generando Poesía (Taller). Exposición de ejercicios dirigidos. Trabajo de taller de los textos de los participantes.

Sesión VI
Poéticas y reflexión.
Lecciones de tinieblas de José Ángel Valente (España). Planteamiento de ejercicio creativo. Sesión de Taller de obra de los participantes.

Sesión VII
Generando Poesía (Taller). Exposición de ejercicios dirigidos. Trabajo de taller de los textos de los participantes.

Sesión VIII
Poéticas y reflexión. El abc de la lectura, de la mano de Ezra Pound. Planteamiento de ejercicio creativo.

Sesión IX
Generando Poesía (Taller). Exposición de ejercicios dirigidos. Trabajo de taller de los textos de los participantes.

Sesión X
Poéticas y reflexión. Poesía y espíritu en la obra de María Auxiliadora Álvarez (Venezuela). Planteamiento de ejercicio creativo.

Sesión XI
Generando Poesía (Taller). Exposición de ejercicios dirigidos. Trabajo de taller de los textos de los participantes.

Sesión XII
Poéticas y reflexión. Función de la poesía y función de la crítica en T. S. Elliot. Presentación de proyectos.

miércoles, 6 de mayo de 2009

La máquina del instante de formulación poética, de Ricardo Castillo (2)

Como se dijo en una anterior entrada, La máquina del instante de formulación poética, de Ricardo Castillo, uno de los poetas vanguardistas y de ruptura más interesantes y propositivos de nuestras letras mexicanas que debería ser mayormente atendido, es un extraño y maravilloso artefacto poético que consta de dos tableros que contienen cartas del tarot realizadas por el mismo poeta, a partir de las potencias que guían el espíritu humano y sus pasiones, y por tanto sus fortunas.

El poeta-jugador deberá arriesgarse en los tableros y descender a sus abismos para encontrar, a partir de una dinámica de juego oracular muy compleja, el designio que guiará su viaje hacia la poesía. Finalmente, el poeta-jugante formará, dentro de una selección aleatoria de versos realizada por Castillo que incluye los más importantes poetas de nuestros tiempos, el poema que nombrará su destino.

El juego tiene una versión en CD-Room, más fácil de acceder, que fue con la que jugaron los asistentes al taller Poéticas Generadoras 1.2. En la primera sesión los participantes invocaron sus potencias y, a manera de cadáver exquisito, crearon el poema que alumbraría las jornadas de trabajo. En la última sesión, ya transformados, después de haber desentramado la experiencia poética propia y de otros, volvieron al juego de la máquina, para que diese su veredicto del viaje emprendido. A manera de constancia del trayecto, en este blog se muestran los poemas realizados con La máquina... al principio y al final del curso los cuales denotan, en la anagnórisis colectiva que puede adivinarse en su lectura, el poder y el misterio de la poesía.

El siguiente es el poema de final de curso (primer trimestre, abril de 2009) realizado por los asistentes a Poéticas Generadoras 1.2 a partir de los misteriosos designios de La máquina...



Si me preguntan de donde vengo
Al fondo de la tierra
Hoy es ayer
Vamos sonámbulos en el oficio ciego
Todavía llora la cascada
Antes de que llegue en el instante
Somos la tangible presencia de un secreto
la luz es pulsación más y más lenta cada vez...

miércoles, 15 de abril de 2009

Presentación y Retrospectiva del Taller Poéticas Generadoras 1.2 (Primer Semestre, Segunda Generación)




Señalar la importancia de construir una voz literaria propia, o llegar a la voz literaria misma, a través del comentario y observación de voces ya conformadas de la literatura latinoamericana, y del análisis de la obra de los participantes, ha sido el objetivo del taller “Poéticas Generadoras (taller de poesía)”, inserto dentro del Programa de Escritura Creativa, PEC, de la Universidad del Claustro de Sor Juana, que coordina la escritora y crítica literaria, Sandra Lorenzano.

A lo largo del primer trimestre de 2009 (enero-abril), quienes conforman la Segunda Generación del PEC, reflexionaron sobre su propia obra a partir de la observación tanto del trabajo de sus compañeros, como de las poéticas y experiencias creativas y de vida de una serie de autores fundamentales en nuestras letras hispanas, quienes conforman un abanico de propuestas estéticas y aportes: Roberto Bolaño (Chile-México), Eugenio Montejo (Venezuela), Antonio Gamoneda (España), Olga Orozco (Argentina), Jorge Teillier (Chile), Rafael Cadenas (Venezuela), Elsa Cross (México), Jorge Eduardo Eielson (Perú), Coral Bracho (México) y Juan Eduardo Cirlot (Barcelona, España).

De esta manera los participantes del taller observaron y comentaron la obra de los autores señalados, identificaron sus temas, sus recursos estéticos, su variedad de propuestas mismas que, de una u otra manera incorporaron a su conocimiento y formación artística, además de que realizarán ejercicios creativos, independientes de su propio proyecto escritural, a partir de los temas de análisis generados al reflexionar sobre los textos de dichos autores y sobre sus propios poemas. En este orden, es importante señalar un ejercicio que detonó la voluntad creativa de los asistentes, en la primera y últimas sesiones, se trata de La máquina del instante de formulación poética, de Ricardo Castillo, uno de los poetas vanguardistas y de ruptura más interesantes y propositivos de nuestras letras mexicanas, que debería ser mayormente atendido.

La máquina... es un extraño y maravilloso artefacto poético que consta de dos tableros que contienen cartas del tarot realizadas por el mismo poeta, a partir de las potencias que guían el espíritu humano y sus pasiones, y por tanto sus fortunas; el poeta-jugador deberá arriesgarse en el tablero y descender a sí mismo para encontrar, a partir de una dinámica de juego oracular muy compleja, el designio que guiará su viaje hacia la poesía. Finalmente, el poeta-jugante formará, dentro de una selección aleatoria de versos realizada por Castillo de los más importantes poetas de nuestros tiempos, el poema que nombrará su destino.

El juego tiene una versión en CD-Room, más fácil de jugar, que fue con la que jugaron los poetas. En la primera sesión los participantes invocaron sus potencias y, a manera de cadáver exquisito, crearon el poema que alumbraría las jornadas de trabajo. En la última sesión, ya transformados, después de haber desentramado la experiencia poética propia y de otros, volvieron al juego de la máquina, para que diese su veredicto del viaje. A manera de constancia del trayecto, se mostrarán los poemas realizados con La máquina... al principio y al final del curso los cuales muestran, en la anagnórisis colectiva que puede adivinarse en su lectura, el poder y el misterio de la poesía.
Pero sobre todo, y de la mano de Rainer María Rilke quien, desde su Castillo de Duino y a través de la lectura, una por clase, a manera de apertura sesión, de cada una de sus diez Cartas a un joven poeta, los participantes del taller sensibilizaron la apuesta literaria de cada uno de los autores vistos, como una apuesta de vida y voluntad, como una hybris o corriente profunda que determinó o determina, en caso de quienes aún nos acompañan en este mundo, su escritura y su destino generando con ello voces individuales, irrepetibles y poderosas que son determinantes en nuestras letras hispanoamericanas.

Así, bajo las labores de taller y los trasiegos de los poetas entrevistos, los participantes forjaron la conciencia de trabajar un proyecto y propuesta personal, en busca de su propia voz. Entonces hubo un avance y un proceso creativo-reflexivo en cada uno de los participantes que, con el tiempo, podría desembocar en un discurso consciente de sí. Hay quienes, como Víctor Argüelles, ya tienen un camino andado, y están en el trayecto de corregir, completar, unificar, sus libros en preparación; también hay quienes, como Mónica Zempoalteca y Yossadara Guzmán, descubrieron que cuentan con una intención, un discurso y rasgos estéticos muy conformados, que podrían desembocar en la creación de una unidad poética, y en la hechura de su primer libro; por último, Josué Azpeitia, José Antonio Aguilar y Bernardo Salazar, los dos primeros, avezados en la musicalidad del poema y en las formas clásicas, y el último, formado en la filosofía y en la reflexión, pusieron en marcha la apuesta por un proyecto personal, el cual comenzaron a trabajar o, como en el caso de Azpeitia, ampliar sus caminos.

Finalmente, es menester mencionar la presencia de Víctor Manuel Mendiola, poeta y crítico invitado del taller, quien ofreció al final de curso, y como una revisión de las estéticas latinoamericanas y de la crítica universal de la poesía, una conferencia magistral en la cual se pusieron en la mesa de análisis, los principales derroteros y retos de la poesía del siglo XXI.

Programa del Taller Poéticas Generadoras 1.2 (Primer Semestre, Segunda Generación)

Sesión I
Roberto Bolaño (Chile- México): Poemas mexicanos y escritura salvaje. Defensa vital del proyecto poético. Ejercicio creativo y escritura automática. Sesión de taller a partir del ejercicio creativo.

Sesión II
Poética de lo cotidiano, transparencia y revelación en Eugenio Montejo (Venezuela). Ejercicio creativo. Sesión de taller de obra de los participantes.

Sesión III
La experiencia límite y la poesía como sobrevivencia en Antonio Gamoneda (España). Ejercicio creativo. Sesión de taller de obra de los participantes.

Sesión IV
Lo telúrico y el descenso a la conciencia en Olga Orozco (Argentina); poesía narrativa. Ejercicio creativo. Sesión de taller de obra de los participantes.

Sesión V
Jorge Teillier (Chile): El origen y el lar como elemento simbólico y universal. Ejercicio creativo. Sesión de taller de obra de los participantes.

Sesión VI
Ensayo, prosa y poesía; proyecto ético de lo humano en Rafael Cadenas (Venezuela). Ejercicio creativo. Sesión de taller de obra de los participantes.

Sesión VII
Silencio, respiración y revelación en Elsa Cross (México). Ejercicio creativo. Sesión de taller de obra de los participantes.

Sesión VIII
Jorge Eduardo Eielson (Perú): Poesía, experimentación, hipervanguardia e imbricación de lenguajes en un proyecto artístico y vital. Ejercicio creativo. Sesión de taller de obra de los participantes. Presencia de invitado especial.

Sesión IX
Coral Bracho (México): Límites de lenguaje, tensión y contención expresivas. Ejercicio creativo. Sesión de taller de obra de los participantes.

Sesión X
Minimalismo y silencio en la escritura a partir del desarrollo extremo del simbolismo, hermetismo y experimentaciones en Juan Eduardo Cirlot (Barcelona, España).

Conferencia Magistral de Victor Manuel Mendiola, invitado especial del Taller de "Poéticas Generadoras".

sábado, 11 de abril de 2009

Mónica Zempoalteca

Para Mónica, joven poeta perteneciente a la generación de los 80s, aunque una especie de rara avis en el vértigo y el caos que signa a su generación, la nostalgia y la celebración de la vida son una misma estancia. Su poesía es un discurso que, a la vez que celebra el milagro de la naturaleza y del baile como representación de la experiencia vital, abre una casi invisible en búsqueda de un espacio de silencio. Vida, epifanía, pero a la vez, treno, crean lo que ella misma llama “una pasión contenida”. Ésa es la magia de Zempoalteca: pasión por el milagro, por la vitalidad, por el mundo, pero contención porque sabe que hay un misterio profundo que habita las cosas y que no ha sido descubierto. Siendo éste su primer taller de poesía, sorprende la capacidad metafórica y de creación de imágenes, y la asimilación de las poéticas de los autores estudiados. De formación autodidacta, ella misma se confiesa ávida lectora, sus poetas y autores predilectos son pasionarios, que “escriben con sangre” y parten de la experiencia vital como Baudellaire, Rimbaud, William Blake, Nietzsche, Bataille, Jim Morrison, Efraín Huerta, Nicolas Guillén, Octavio Paz y Cora Coralina.
Texto: C.P. Video: Yossadara Guzmán

Reminiscencia

Un portal
oculto.
Al tiempo le faltan lugares por descubrir.

Me quedan algunas piezas. Sólo destellos fragmentados.
El follaje en la altura. Filtro. Refulgencia solar.

Fronda.
Donde los verdes son recatados,
se cubren con aterciopelada discreción.

Palpita en mí esta verdad animal.
Sé de un bosque donde nunca enferma el silencio.
No existe el lenguaje.
En su lugar está, la paz húmeda que lo cubre todo.

Se precipita el viento entre arborescentes caricias,
avivando crujiente alboroto en la hojarasca de fuego.

Colosales piedras albinas duermen junto al río.
Están hechas de silencios antiguos.
En herméticos sueños celebran, solemnes, la ligereza del polvo cósmico.

Pesadez áspera de un lento baile.

Credo

Al sur de mi corazón: el tango.

Creo en la precisión de mis tacones dibujando garabatos.
Creo en los brazos de un hombre que ha comprendido el secreto del tango.
Creo en el destello fugaz de las miradas.
Creo en la pulcra belleza de la técnica.
Creo en el vértigo de una milonga bailada con pasión contenida.

Tango,
en tu cuerpo habita una nostalgia nocturna.
La más altiva.

Invierno


Todos los grises habitan dentro de ti.

Mis dedos entumecidos buscan a tientas.
En vano intentan atrapar
a un sigiloso gris, suave, casi invisible.


Es descaradamente fresca la libertad.

Libertad que penetra con sus aires de infinito desierto gélido.


Los humanos son rubíes palpitando entre la nieve.


¿Por qué no puedo evitar quebrar la escarcha?
Hipnótico arrebato.
Pequeño y secreto éxtasis frente a cascadas de fracturas cristalinas .


El hielo más puro es blanco.
Tan blanco que azulea.

José Antonio Aguilar

El ritmo, la musicalidad de las palabras, son inherentes al "son del corazón" de José Antonio Aguilar. Conocedor de los ritmos populares, músico él mismo, pues interpreta con su guitarra y voz sones y cantos de los pueblos de México, la rima, y el inmediato reconocimiento y estudio de la métrica, cuando fue puesta en la mesa de trabajo para encauzar este conocimiento inherente, le fue propicio. En su poesía la forma y el canto alegre encierra un llanto, un duelo interno que no anima a ser dicho; si bien sus temas abarcan lo cotidiano, las figuras amadas y domésticas, en el traspatio de la casa hay un desgarramiento interior que nutre la creatividad de José Antonio, también cuentista y melómano, desgarramiento que tampoco se desborda en sus primeros tanteos de escritura en verso blanco, libre. Y sin embargo la voluntad de desborde en la forma que Aguilar ha mostrado podría develarnos la fuente de ese dolor callado, que finalmente es su testimonio de vida.

Texto: C. P. Video: Yossadara G.

Soneto I

A mi niña mujer, fresca y fragante,
a quien duelen a veces mis derrotas,
me le voy a morir con suaves notas
que no alteren el orden circundante.

No he podido ser héroe ni tunante,
nunca supe tener ansias devotas;
sólo vuelos fugaces, alas rotas
y tragedias que duran un instante.

No he podido querer ni odiar ni nada;
mi esperanza es pequeña, indecisa,
temerosa, falaz y desganada.

Me le voy a morir pronto y aprisa
como asunto trivial en la jornada
que acontece sin llanto ni sonrisa.


Soneto II

A mi perro Tobías le agradezco
sus lecciones de vida cotidianas:
cómo tensa su cuerpo en las mañanas
y el vaivén de su rabo de arabesco.

Su perdón incesante no merezco
a mis viles traiciones cortesanas,
ni la luz de sus ojos, avellanas,
que alimentan mi sueño quijotesco.

Su presencia liviana dulcifica
mis temores antiguos y modernos,
y cuando duerme su roncar musica

mis desvelos efímeros o eternos.
¡No me dejes, Tobías!, tu alma rica
reconforta mi viaje a los infiernos.

viernes, 10 de abril de 2009

Víctor Argüelles

Imágenes de frío

1
Del temblor sabe el cuerpo, sabe a que sabe un gramo de estar afuera, expuesto en el plano seco y pordiosero de la nada, sabe a que sabe un hilo de viento columpiándose en los ojos, tal vez unos poros abiertos que reciben fantasmas blancos y ebrios en Xalapa o San Cristóbal de lloviznas; sabe de caminar al borde de los rieles, de abrazar heladas, del rugir del viento en medio de los árboles, un habla extraña que pone las puntas del frío a girar, de un extremo a otro a brazadas prolongadas se llega, se traspasa el patio del espejo escarcha, de las calles que duermen custodiadas por las luces que paga el ayuntamiento, en Xalapa o San Cristóbal de lloviznas.

2
Cruzar la sucesión de puntos helados, a media calma en que se estiran los brazos a remar el frío, la plancha de concreto con ausencia del sol es visitada por gatos desvelados a altas horas en que la noche cicatriza su negrura; cruzar, sentir los hilos de puntos de agua, fría agua que estampa la chamarra fluorescente, tengo sólo una para estas excursiones, la única que ofrece un nido tibio, una cueva a resguardarme mientras camino.

3
Untando polvo de llovizna, he sido frío y río a la vez, extendidos por el patio hay extranjeros que reman el aire, quieren llegar al punto donde se cruza la noche con el día, en su remar transpiran, transmiten ecos que al multiplicarse van perdiéndose en la bruma algodonada de los patios, como tantas veces, los gatos lamen sus reflejos, se hacen al conjunto como sombras movedizas que caminan, la lejanía tiene nombre de mar, en esta orilla de concreto el orden y desorden de tejados rojos se carcomen por el negro de la noche, en esta orilla, de mar es tu nombre, de mar que marcha adentro a mares y desiertos.


Agua

Con el cuerpo sellado de agua, transparente y húmeda en el recorrido manantial que baja a descifrar botones, pliegues, extremos lunares y regiones fértiles, algunos cabellos arrancados bajan como flechas flexibles y movedizas, al caer procrean un murmullo de agua y cuerpo, sílaba desnuda es gota de reflejos, partida, dividida en miles de alfileres blandos que rasgan para limpiar la huella de los días, en su recorrido de lava bondadosa despliega en la piel un vapor que niebla de algodón etapas del cuerpo, el cuerpo sin las cadenas del ropaje, desnudo en mi célula hace surgir del ojo estampa de luz, brillo incesante del paraíso eterno.


Deberes

1

Apresurado… la calle tiene de manchas, pequeños robots
que caminan, tal vez humanos que apretaron sus pasos
para hacerse al cauce del intestino urbano, apresurado
visito los vacíos donde el aire se enrosca
a un aliento de alcohol
serpiente que va y suspende mis tareas ciegas
dejándome caer los lápices y las mantas,
líquidos que soñaron enfrascados la orilla de la forma.
Del otro lado se hace un silencio, sobre un blanco crepita mi ruido rojo
me dejo caer y por la herida de la noche salgo.

2

Caído en mi brazos, la intención abandonada,
en mis dedos se columpia un rastro de acción que no fue
de la noche su aventura, su barca desarmable en el río de la prisa,
la intención crepita en cada nervio
de blanco se disfraza en cada vena
respira en el hueco
del deseo
aumenta su tamaño
al ver colores de tierra y sangre, tal vez poros cerrados
rayados en el trayecto de una línea.

3
Aun por disolverse la palabra, puede ser roja,
blanca, negra como la raíces de las puntas que se estremecen,
que me compactan en un idea salida de la entraña,
los colores tienen luz, se hacen de cegueras,
al pisar las fibras de las telas se agudizan
en la redonda saturación del un charco, líquido blancuzco
rojizo quizá…

4

Despertar y las tareas impuestas se abren del espacio
crecen en la prisa de colgarse por el tiempo, emiten sonidos,
arrancan de mis manos sus tactos imprecisos,
tomar de las puntas una acción es como abrirse paso en el manantial
de la extrañeza, de la nada… sin pinceles, aquí, con las manos amarradas
al deber.

Bernardo Salazar





Plegaria a la nieve

Imploro de tu espectro la piedad,
para lograr la paz del caos de los sentidos,
al final supe que la nieve es de todos y de nadie,
no hay ambición que la contenga sólo el calor.

Déjame que te rescate, madre, en m i proceso onírico,
suspende la frialdad, suaviza la palabra,
derrite la gélida indiferencia social,
y dame la fortaleza de la sobrevivencia.

Que vea la luz del frío que tienes escondida,
que mire el cero y el logaritmo de tu expresión cromática,
tu valor, tu precio, tu sagrada norma selectiva,
dame la madurez y el juicio de rescatar y rescatarme.

Congela mis neuronas, y haz de mis cenizas témpanos,
que ambas esperen prudentemente el final juicio,
que de los ríos se hagan puentes, y puertos de la nieve
ahí en la profundidad sin brillos excesivos.

Que te llegue mi voz a través de los volcanes,
y en tus profundos suelos, mantengas tus recursos,
te escribo esta plegaria para mi ciclo evolutivo,
padre sol, deja que las chispas de belleza y verdad persistan.


Yo y mis circunstancias gélidas

De doce a cuatro duermo,
de seis a ocho sueño con la nieve
y despierto y yo se que la soñaba
en campos de luz y de infinitos.

Su textura y su olor me provocan
me congelan y eternizan mis huesos,
mi visión se turba y equilibra,
las papilas del gusto cambian sus apetitos.

Niñez en el invierno que amanece,
con ella la expansión de los silencios,
la escuela es el vacío que dejó la nieve,
como también es tiempo conocido.

Juventud que en excesos cobra el frío,
de las mañanas de una euforia loca,
que a la piel como a la puerta la abre,
cuantas veces más te buscaré perdido.

¿Yo te encontré o me encontraste tú
en un destierro de luz y misteriosos signos?
Madre, esposa, hijas, tejedoras de mantos auxiliares,
son candelas encendidas, que dan calor y vida.


La nieve original

La luz se desprende,
las fuentes polares le dan flujo,
las lámparas del mundo se encienden,
y se despiertan los vivos con sensaciones congeladas.

La geografía en su extensa superficie
de repente explota en átomos infinitos;
surge la visión de los humanos reflejada,
el tacto se crea en vibrantes corpúsculos.

Intensidad superior de luminancia
que en cristales oculares de otra dimensión
establecen potencias nucleares, contrastantes
visiones del tiempo, formas y colores no descritas.

La nieve es femenina, sin distinción de razas,
su semilla lleva los espejos del mundo reflejada,
el invierno la asemeja en los polos tropicales,
con su horizontalidad no cambia sus colores.


El brillo de la nieve todo lo penetra,
a veces es conciencia universal
que discrimina el bien del mal,
es juicio, es sentencia, es sentimiento.

Yossadara Guzmán















i. Cuerpos

Cuerpos entumidos, embrutecido, carcomidos
Refuerzan entre ellos el insaciable conocimiento del vacío
Aquella pequeña cicatriz que no desaparece
Ayuda a seguir viviendo
A seguir exagerando
A seguir buscando en el aire.
Permanezcamos juntos como conejillos asustados
Refresquemos con alcohol todos nuestros momentos
Comuniquemos con caricias torpes nuestro cariño
Expresemos con movimientos violentos nuestra carencia

En medio de la brevedad me reconozco
En aquellos buenos momentos me escondo
Ellos me hacen sentir cosas
Me hacen recordar cosas fulminantes
Y sin embargo permanezco
Con todo y el descontento visceral
Permanezco
Trato de huir, de escapar
Pero no hay donde
Por eso
Permanezco.


ii. Fresas rasgadas

Hoy, como todas las noches
Se esparcen por la tierra
Las gotas de luna
Esfumadas por la bravura
de todas las miradas rosas y vagabundas que comparten su maravilloso color
Y su lenguaje amorfo pero contundente
Y sus chasquidos seguros pero inocentes
Y sus vivencias dramáticas pero delirantes
Fue tan efímero el sentimiento
Tan cansado
Tan apático.
Y habla de nuevo ¡comenta de nuevo!
Ya no sale más voz
No más compartir
Las manos enclaustradas y carcomidas por la inmensa noche de los colores esfumados se han callado para siempre
El proceso de reacomodo virtual se enciende pálidamente
Deseando una voz intensa que conmueva y prenda la imagen agotada de los ojos verdosos y sedados por la desidia
Ya no hay mas fresa ni más color ni más gracia, todo se extinguió al igual que el largo camino que se recorre con los pies ahongados y retorcidos antes de prender la última vela que fluye en energía palpitante pero moribunda
Los últimos deseos se congelan
y las últimas caricias con besos de sabores se ahogan hasta el fondo
¿Recordarás alguna vez?
Como un árbol que vive eternamente mostrando su firmeza ahogada por la imposibilidad de alma
Se esconden todas las llamas arqueadas y distanciadas de las personas hechas paleta lamible y disfrutable pero totalmente desechables
Ya no deseas, ya no sientes y eso te da un momento más de vida
Disfrutas contemplar los ojerosos despertares de las mínimas personas que resplandecen y se apagan con la velocidad de la nada
Y piensas que ya todo esta dicho… que fuerte es la carga de la mañana
Que fuerte es la carga del adiós


iii. El voraz apetito de la noche

Se acerca sigilosa, coqueta…sincera…
Pero el mundo sabe q no es verdad.
Entonces el rosa como las canicas rueda por la gran escalera sal
Cae estrepitosamente acompañado de pequeñas gotas de sudor
Inflamado de lluvia y espesa vibra radiante.
Susurra pequeños nombres de inmensas personas,
Como lidiar con la abrumadora presencia de los rojizos y ansiosos ojos rojos
Merodean a la gente linda que solo desea vivir
Cerca del pesado y extraño mundo pecaminoso y ruidoso
Que zangolotea a su antojo a todo el que lo toca y lo consume sin que se sienta.
Ella, seduce a la noche eterna,
La convierte en aquella nube hermosa
Repleta de bombones azucarados
Con ese extraño sabor a pecados deliciosos,
A canciones tan revolcadas como esos instantes pausados .
El pasado es amiga de la noche,
Ella lo sabe
Por eso se recarga en esa gran ventana azul
la mira sin descanso,
Pisadas escurridizas son las que acompañan los sueños paranoicos de su mirada feliz y radiante.
No hay un momento de descanso
Ni siquiera para aspirar la seductora presencia del olor
Infeliz y caprichoso de los ositos revoltosos y grisáceos
Que juguetean eternamente en las montañas gigantes llenas de nieve.
Caprichosa, la infame noche carcome despacio su flameada piel blanca,
Raspando con sutileza las pocas pecas esparcidas,
Derramando con elegancia la sangre impregnada del alcohol de los grandes y frívolos momentos
Vividos en esas largas y muy oscuras noches citadinas.
Pesados deseos oscurecen el trágico sentimiento…. ¡ha llegado!!!

jueves, 9 de abril de 2009

La Máquina del instante de formulación poética, de Ricardo Castillo (1)

Este poema fue escrito durante la primera sesión por los participantes del curso, a manera de “cadáver exquisito”, y a partir de lo que les inspirase el insondable poema que La Máquina... nos marcó.

Su misterioso designio fue tomado como oráculo para el taller.

Al final de curso, durante la última sesión, se volvió a acudir a La Maquina..., para que diese su veredicto, y diese cuenta o no, de la anagnórisis poética de los participanttes en el taller.

Lea este poema, y compárelo con el escrito en la sesión final, y observe el camino andado. Usted juzgue si descendimos y ascendimos de nuestras aguas profundas....





Seguir soñando y a cada paso
la espada instantánea de luz
extraviada.

Estamos atascados de caos
nos aguarda,
nos contempla y nos toma.

Nada de lo imposible cruje dentro de mi ruido permito llanto,
agua de sol me brota de las venas,
intento predecir el sonido que viene y se dobla.

Busco sin encontrar y lo siento
y los sentidos me atan a la tierra,
no existe luz ni sombra sólo yo.

martes, 17 de marzo de 2009

Josué Azpeitia

Josué Azpeitia es un conocedor natural del endecasílabo y de sus múltiples posibilidades. Su poesía es ritmo, métrica, rima, ordenada de acuerdo con la canción interior del poeta, más allá de toda formalidad. Así, en sus textos, lo mismo podemos ver la combinación de endecasílabos que después de estudiarlos, el poeta, y todos los que participamos en el curso, sabría que son llamados heroicos, melódicos, sáficos, con heptasílabos, octosílabos y hasta alejandrinos. Si bien no había practicado en forma el soneto, Azpeitia juega libremente con esta forma y ordena en tercetos o cuartetos su poemas, además de que acude a oportunos encabalgamientos. El ritmo es propio de su escritura, y lo que fue pertinente, entonces, fue observar la contención y equilibrio de su discurso a partir de escribir un soneto. Poeta de vasta escritura, sus temas son diversos y su tono es de cierta melancolía. Celebrar la vida, las estrellas, la infancia, los recuerdos, el amor, el coraje y la voluntad de ser (que por cierto podría ser un eje muy importante n su poesía), pero también se preocupa por el tiempo.

En el alma tengo un cántico

En el alma tengo un cántico sonoro
que compuse en los albores de mi infancia
a este cántico inocente yo lo adoro
pues fue creado bajo indicios de elegancia

cuyo ritmo son alegres pajarillos
susurrando en la enramada de los pinos
como yo que de estos tenues estribillos
los transformo en madrigales paulatinos

en el alma tengo un cántico risueño
que convoco en mis arranques de tristeza
es un cántico que yo desde pequeño
me inculqué para agrandar de mi entereza

este cántico es rugido estrepitoso
no es armónico carece de excelencia
es deforme y además es contencioso
e imposible por faltarle trascendencia.

Tiempo

El tiempo pasa pronto y occiso
disperso en falsas predilecciones,
anecdotario de un indeciso
gemido frágil de mis reacciones,

el tiempo corre sin detenerse
como agua rauda veloz que brota
rumor intenso que va a perderse
en un caudal o de gota en gota

el tiempo nunca será mi amigo
pues hoy es verde, mañana seco
frondoso fue como un grueso vigo
o estéril tronco de un árbol hueco

el tiempo quiere acabar conmigo
él va arrugando mi piel morena
sentirlo y serio es mi peor castigo
y padecerlo grotesco suena



el tiempo siempre va haciendo historia
desde los siglos hasta el milenio
a veces tiene cabal memoria
a veces pacta su cruel convenio

el tiempo ¿acaso las manecillas?
girando en torno al compás del mundo
reloj sin rumbo que maravillas
al pensamiento sin ser rotundo.